Mascaró


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domingo, junio 24, 2007

Las supersticiones


Hoy quiero hablar de una forma de creencia más primitiva aún que la religión: la superstición.
Se hace supersticiosa toda persona que siente en algún momento que depende de factores que no puede controlar.
Así, la gente de campo, que advierte que los elementos naturales (granizo, sequías, inundaciones, langosta) pueden destruir todo un año de sus esfuerzos. Es casi seguro, que según su grado de evolución, caiga en la religión, o si no, en la superstición.
Uno supone que eso es natural en la gente de campo, en muchos casos alejada de la civilización, gente que generalmente ni siquiera ha recibido algún tipo de instrucción, pero curiosamente observamos que también en estratos de mucho mayor educación, se da la misma costumbre, siempre buscando la misma protección ante lo desconocido o ante lo que no se puede controlar.
Generalmente es gente que trabaja a diario con elementos que escapan a su control, que depende de factores de los cuales es por veces plenamente consciente, pero que como no ellos los que deciden, entonces caen forzosamente en la creencia en la existencia de lo imprevisible y en la necesidad de tener cómo controlarlo.
Es el caso de los deportistas, de los corredores de autos, de los artistas (habría muchos más casos: estos son los que Crab más conoce).
El deportista (tenista, nadador, atleta), se levanta un día bien, y mata a todo quien se le cruza por el camino. Otro día, por cualquier elemento incontrolable (y hay mil factores: Crab, que hizo deporte de competencia, lo sabe bien), ya no es el mismo. Siente que su rendimiento bajó, sin que él hiciera nada a favor ni en contra. ¿Qué sucedió, entonces? Algo desconocido intervino.
Igual con el corredor de autos, aunque en este caso no es él, sino el auto, al que se le rompió una pieza (en algunos casos una insignificante piecita) y se fue todo al diablo.
¡Ni hablar de los astronautas!
Los artistas, por fin. De repente están en la cima, con toda la gloria, la fama, el dinero, y el poder que todo eso da. Pero de pronto el programa decae, los productores cancelan el ciclo, y le dicen: "te llamaremos". A veces los vuelven a llamar, otras veces caen en el ostracismo, y nadie los vuelve a llamar ni a hablar de ellos.
Todos crean, entonces, la famosa "cábala". Recuerdan qué pasó el cuando triunfaron, desde el momento en que se levantaron, y entonces comienzan a elaborar una serie de ritos que creen que cumpliendo rigurosamente, les devolverá mágicamente el control. Así, levantarse con determinado pie, usar determinada vestimenta, o ciertos accesorios. Por supuesto, todo demuestra ser a la larga inútil. Lo que no los hace desistir, simplemente vuelven a repasar el día exitoso y lo que hacen es cambiar la lista de los elementos a utilizar. Así, hay un montón de gente que usa toda una parafernalia de objetos que creen que los hará otra vez exitosos: corbatas, lapiceras, relojes, medias, los objetos más insólitos y por supuesto inútiles que puedan imaginar...
Pero cuando todo falla, puede aparecer además un personaje curioso, que sospecho tiene su origen ahí: el jettatore, el fúlmine, el tipo que acarrea desgracias, que no es sino la representación, en una persona, del daño que originó la superstición.
En el mundo del espectáculo (vimos con el innombrable que también en el de la política) se atribuye muchas veces a determinados personajes la culpa de ocasionar desgracias. ¡Pobre de aquél sobre quien caiga tal estigma! A partir de ahí, todos dirán: "¡guarda que ahí viene!", se apartarán reticente y más o menos disimuladamente de él, y el pobre tipo caerá en un inmerecido ostracismo. Porque la fama puede adjudicársele a cualquiera: ¿quién en su vida no ha participado de alguna actividad que terminara en fracaso?
La creación de fama de fúlmine, sospecho, sirve también para eliminar posibles rivales, a quienes en el ambiente, siempre será fácil atribuir el fracaso de algún espectáculo o de algún programa.
En el ambiente, son famosos los casos de actores, de periodistas de televisión, de directores, a los que se les endilgó el mote. Conocí a algunos personalmente, y eran excelentes personas.
Pero qué vamos a hacer: eran fúlmines.

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2 Comentarios:

A la/s 1:24 p. m., Blogger el señor de las manzanas dijo...

me gusto mucho el post, pero difiero ligeramente en tu pusto de vista, crab. no creo que se trate de evolucion el hecho de ser o no supersticioso. creo en una cuestion cultural que, sospecho, carece de un rumbo evolutivo ascendente (la evolucion de la vida no tiene por que ser necesariamente "ascendente", por ejemplo).
la supersticion se explica mejor con conceptos psicologicos, una tendencia de nuestro cerebro a asociar estimulos de manera causalista. esa capacidad es la clave de la ciencia, pero tambien puede, llevada al paroxismo, conducir a la supersticion.
ahi se ven!

 
A la/s 2:54 p. m., Blogger Crab dijo...

Es un inteligente punto de vista, a considerar. En efecto, no siempre el paso de los años es progreso. Lo estamos viendo con Macri.
Agradezco tu atención y la amistad que me demostrás.

 

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