Mascaró


Alea jacta est

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sábado, junio 23, 2007

Màs sobre el amor


Crab tiene dos amigos indios. Son grandes especialistas en medicina deportiva y utilizaciòn de drogas en el deporte. Esto no va por jactancia, sino porque si a alguno de los cinco o seis que frecuentan este blog les interesa el contacto, Crab siempre está disponible para ese tipo de intermediaciones.
Con ambos, en sendas estadas de ellos en Argentina, pasamos un par de semanas en cotidiano contacto.
Hubo por lo tanto, tiempo suficiente para hablar de deportes, autos, filosofìa, religiones y mujeres, mucho de mujeres, la mayor parte del tiempo de mujeres, que a los indios parecen gustarles tanto (para quienes los mayores de 18 que lo soliciten, hay también un interesante archivo .pps que uno de ellos me mandó ayer).
Bueno, en una de esas conversaciones se tocó el punto de los matrimonios en la India. Como ustedes saben, y me confirmaron ellos, los matrimonios se conciertan en la gran mayoría de los casos (lógicamente, siempre hay excepciones) por arreglos entre los padres de ambos contrayentes. Aunque, por supuesto, en muchos casos los novios dan su conformidad final. Pero si no la dan, son los padres quienes, sin darse por vencidos, se encargan de seguir buscando la pareja apropiada, hasta dar en la tecla.
-Pero... ¿y el amor? -pregunté yo, ingenuo creyente todavía en esas cosas.
-¡Ah! el amor viene después -fue la respuesta.
-Pero ¿funciona?
-En casi todos los casos. En la India no hay casi divorcios.
Parece que la cosa es así: las dos familias que buscan ponerse de acuerdo, una ofreciendo el novio, la otra la novia, pertenecen a una misma comunidad social, religiosa, cultural, económica, etc.
Las negociaciones son largas, ya que cada familia intenta primero sacarse de encima al hijo menos interesante, pero es una negociación amistosa, y con el propósito de llegar a un acuerdo final, lo que supone que éste finalmente se alcanzará. Una parte deberá resignarse, finalmente, a ir elevando la apuesta conforme a los méritos del candidato/a que el contendiente ofrezca.
O sea, que no siendo el irracional (y no podemos negar que el amor, si algo es, es precisamente irracional) el criterio que prevalece, los demás criterios, ponderados por personas objetivas, que consideran esta negociación como un contrato libre y equilibradamente alcanzado por ambas partes, son los que finalmente producen el éxito de la unión.
Cuando el hijo/a, luego que comienza a vivir la rutina de la cotidianeidad, que es lo que desgasta a toda pareja, se encuentra con que le han elegido por pareja un igual, descubre que el otro está hecho a las mismas costumbres, tiene la misma educación, la misma actitud frente a problemas de todo tipo o a dificultades económicas, a la crianza y educación de los hijos, etc.
Pero, lo que es importante, la cosa resulta. Después me vienen con el cuento de que el amor derriba las barreras sociales (recomiendo a los que quieran leer una impecable mirada sobre el tema, la novela Les jeux son faits (excelentemente traducido por Losada como La suerte está echada), de mi venerado Sartre.
Puesto que el amor, finalmente, siempre fracasa en la sociedad occidental, ¿no tendríamos que considerar esta opción?

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2 Comentarios:

A la/s 7:17 p. m., Blogger swimming in a fish bowl dijo...

Crab, los matrimonios arreglados se dan en muchisimas culturas, los judios ortodoxos, por ejemplo, cuando sus hijos nacen prácticamente ya se sabe a quien han de desposar, sin mencionar que lo hacen muy muy jovenes. Pero como todo en la vida, no se extraña lo que nunca se tuvo.
Cómo van a querer elegir si no conciben la sola posibilidad hacerlo, ya que no la tendrán.
Yo creo que la única fórmula para terminar con los divorcios, legalmente dicho, es que la gente no se case más (de occidente hablo).
Le dejo un saludo.

 
A la/s 7:53 p. m., Blogger Crab dijo...

Buena la tuya. Groucho tambien lo dijo, aunque de otra manera: "la principal causa de divorcios es el matrimonio".
Agradezco tu visita.

 

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