Mascaró


Alea jacta est

Crab no se responsabiliza por las opiniones vertidas en este blog, que a veces ni siquiera comparte.

No toda la información aquí publicada ha sido debidamente chequeada. Ley 23444.

La idea de este blog es crear un espacio amable y compartir recuerdos, puntos de vista o apreciaciones con gente amiga o en proceso de serlo. Por tal motivo queda prohibido el acceso de energúmenos, cuyos comments serán eliminados. Crab atenderá y contestará por línea directa (ver Perfil) a todos los que quieran insultarlo, amenazarlo, amedrentarlo, despreciarlo o menoscabarlo. Quienes busquen sus efímeros 15´ de fama aquí, no los encontrarán.

Los contenidos de esta página pueden afectar creencias tradicionalmente aceptadas respecto de cualquier institución, grupo o individuos, tales como el estado, el gobierno, la iglesia, el sindicalismo, las fuerzas armadas, la familia, el capitalismo, el imperialismo, las madres de Plaza de Mayo, la Asociación Argentina de Fútbol, el Ejército de Salvación, la Organización Scoutista Argentina, los homosexuales, los negros, los judíos y los chinos. El acceso a la misma por parte de menores de edad queda librado por lo tanto a la responsabilidad y vigilancia de los señores padres.

miércoles, junio 13, 2007

Las óperas


Hace unos días, en el comentario a un comentario, cometí la irreverencia de decir que no me gustan las óperas.
El mundo de los melómanos se divide, entre otras posibles maneras, en dos bandos: los que les gustan y los que no les gustan las óperas. También están los que les gustan las dos cosas, lo que no se entiende muy bien, y con lo que entonces los bandos serían tres.
Bueno, he leído por ahí algunos libros de estética que dicen que la ópera es la síntesis de todas las artes, puesto que reúne en sí a todas ellas: literatura (el guión), música, canto, teatro y ballet.
Puede ser, a mi juicio las reúne, pero mal.
Vamos por el orden expuesto. Hay veces que escuchando o leyendo el argumento de una ópera, no puedo sino sonreír ante la ingenuidad de sus planteos. Si bien es cierto que por momentos alcanzan algunos picos de dramaticidad, a grandes rasgos, tenemos que convenir en que son por lo general elementales. Podrían muy bien ser el guión de cualquier telenovela (de paso: ¿cómo no se les ocurrió aún a los muchachos?).
La música, que en el fondo es (o debiera ser) el fuerte de una ópera, tiene sus momentos de grandeza, pero en general sirve de monótona apoyatura a largos parlamentos donde los actores exponen sus interminables argumentaciones. El fuerte musical, convengamos, reside esencialmente en las famosas arias, y en las introducciones, donde la orquesta hace un resumen de las partes musicales sobresalientes de la obra.
El canto, como no me gusta ese tipo de exhibicionismo (ni ninguno) no lo voy a comentar. Reconozco que hay grandes cantantes que me han llegado, pero, insisto, como prefiero la voz humana utilizada en otras formas musicales, prefiero pasar.
El teatro, ¡ah!, aquí sí. La representación teatral de una ópera es lisa y llanamente una payasada. No me explico porqué no hay ninguna ópera donde el protagonista NO cante en algún momento de rodillas, ya sea declamando su amor, pidiendo perdón, o por cualquier otro motivo, plausible o no (ver fotos).
Tampoco me explico porqué un tipo al que acaban de atravesar el pecho de un lanzazo, se disponga a los gritos a despedirse del mundo mediante largas, "conmovedoras" y por veces aburridas parrafadas. Creo que la gente vive el acto de morir una cosa demasiado seria como para ponerse a cantar en esos momentos. De hecho, he presenciado muchas muertes, y todos estaban demasiado ocupados muriendo como para ponerse pensar en cantar.
El ballet, por último, es un relleno más dentro de un espectáculo que pretende sintetizar todas las artes. Justamente si hay algo que NO hace es sintetizar. He visto algunos ballets interesantes, pero si me gusta el ballet, prefiero no ir a una ópera para verlo. De hecho, no conozco a ningún balletómano que lo haga.
Me gustan, sí, algunas óperas. Pocas. De atrás para adelante, algo de Pergolesi, sin duda Orfeo y Eurídice de Glück, casi todas las de Mozart, Pelleas et Mellisande de Debussy, con ese conciso, sobrio y tan poco operístico: "Mellisande, je t'aime" y su respuesta: "et moi aussi".
Carmen tiene sus cosas, no se puede negar su musicalidad, y de los tanos (a pesar de que el 50% de mi ascendencia tiene ese origen, pero Crab no se deja arrastrar por nacionalismos) sólo rescato momentos, muchos, eso sí, que sería largo mencionar, pero que de ningún modo justifican, siempre a mi entender, el gran desperdicio de tiempo que significa toda una ópera.
Finalmente, debo confesar mi gran pecado: me gusta casi todo Wagner. Reconozco que, como decía W. Allen, cada vez que lo escucho me dan ganas de invadir Polonia, pero su música tiene algo de épico que coincide con partes esenciales de mi sensibilidad. Como todo genio, llevó a la música por senderos que constituyeron finalmente callejones sin salida: después de Wagner, había que escribir música de otra forma, y sus seguidores, como Richard Strauss y algún otro, no son sino fotocopias.


Etiquetas:

2 Comentarios:

A la/s 11:04 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

Como no quererte Crab si me gusta Wagner, lloro con Isolda y me divierte Mozart, los italianos son pesados pero también me gustan, se poco de ópera pero pienso igual que vos.
Los libros guardan el lugar en que los dejaste,los veo y te recuerdo.

 
A la/s 11:10 a. m., Blogger Crab dijo...

Anónimo: ¿sos en realidad anónimA? Temor y temblor...

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal

Adoos