Mascaró


Alea jacta est

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viernes, marzo 23, 2007

Haroldo Conti III


Haroldo había estudiado para cura en el Seminario de Devoto. Como él me explicó una vez, nacido en Chacabuco, en el campo, para alguien de origen modesto las posibilidades de acceder a la cultura, que a él le interesaban, eran muy limitadas, y una de las posibles era estudiar para cura.
Claro está que duró poco. Pero de ahí le fue fácil pasar a Filo, que dominada entonces también por la Iglesia, daba preponderancia entre otras cosas al latín, en el que Haroldo destacaba. El mío era pobre, pero daba para entenderlo. Era un gusto oírle citar a Horacio, Hesíodo, Virgilio. Y a veces invenciones o deformaciones propias, como un día que paseábamos por una calle del Tigre -uno de sus lugares favoritos, junto con la Costanera Sur-, y vemos a un chico meando junto a un árbol. Dice Haroldo: "como dijo Cicerón: juventute mea". Nadie puede negar que Cicerón alguna vez lo dijo.
Siempre contaba que un día estaba enseñando el verbo putare en el colegio, y que desde afuera, un tipo estaba limpiando los vidrios de la ventana, y miraba azorado cómo el alumno de turno declinaba en el pizarrón: puta, putae, putas.
Una de sus sentencias favoritas era: Asinus asinum fricat, (un asno rasca a otro asno) que nos aplicábamos con frecuencia cuando nos dábamos cuenta de que el otro estaba sanateando.
Y otra, colocada frente a su escritorio, que rezaba Hic meus locus pugnare est et hinc non me removebunt (éste es mi lugar de lucha y de aquí nadie me moverá) y que se convirtió en trágico presagio.
Como Haroldo tenía amigos de todas las extracciones sociales, sin distinción de pertenencias ideológicas, porque todos, tarde o temprano irían a participar de algunas de sus novelas, las reuniones sociales en casa de Haroldo eran todo lo contrario de lo que hacía presumir su toma de posición socialista. Era amigo de todo el mundo, y se juntaban ahí representantes de todas las tendencias, aunque el tono general era más bien liberal-burgués. Invitado unas cuantas veces, finalmente dejé de ir porque no aguantaba. Se hablaba "de estos negros, de estas sirvientas, que uno no sabe qué darles, ya que siempre están disconformes, que no laburan nada y tratan de pasarla lo mejor posible y que encima, en cuando nos descuidamos nos roban", etc.
Pero siempre se podía contar con Haroldo cuando de suscribir un manifiesto de izquierda se trataba. No rehuía ni se acobardaba ante ningún desafío, ya fuera la prohibición de las armas atómicas, el retiro de los yanquis de Granada, de Santo Domingo, de Vietnam, o de cuanto lugar debieran retirarse los yanquis por haberse introducido indebidamente en él. Demás está decir que a Haroldo no le alcanzaban las manos para firmar manifiestos.
Pero seguramente alguien, algunos, tomaban notas de quiénes eran los firmantes consuetudinarios de estas protestas. En algún lado, en muchos, sospecho, existían largas listas con todos estos nombres debidamente clasificados y con los que se repetían asiduamente y en relación con cuáles temas. Por otro lado, para la ingenua izquierda esto era como un deporte en el que calificaba más aquél que más firmas ostentaba.
Yo, infeliz desconocido, nunca fui requerido, pero confieso que había algunos tan bien redactados que bien me hubiera gustado firmar.
Así, llegamos al colapso. El gobierno de Isabel estaba al caer y faltaba sólo que se organizase un prode para ver quién resultaba premiado por haber adivinado la fecha exacta. Fue un 23 de marzo de 1976, pero qué casualidad, justo esa misma noche desaparecen un montón de militantes, y poco más de un mes después, le toca a Haroldo.
Lo van a buscar a la casa, como era de rigor, destrozan todo, y según la anécdota, sólo dejan salva a la mujer, quien pide por el hijo por nacer en su vientre. Creo que es sólo para la anécdota, ya que según sabemos por procedimientos anteriores y posteriores, a estos señores no los detenía ningún vientre vacío u ocupado, ningún niño nacido o por nacer.
Simplemente que la orden de detención era sólo para Haroldo.Yo, como tantos amigos que tenían su corazoncito depositado en anhelos de un mundo mejor, pero que no militábamos, permanecí al margen de muchas cosas que sucedían, respecto a hasta dónde eran capaces de llegar estos señores en materia de irracionalidad. Haroldo ya era bastante famoso. Desde hace años fieles lectores de Marcha ambos, había aprovechado un viaje a Montevideo para conocer a Galeano, y de ahí, el conocimiento de García Márquez, de Vargas Llosa (me da tristeza nombrarlo), el nombramiento como jurado del concurso de Casa de las Américas, todo había sido uno.
Debo decir que todos ellos, y muchos más que ahora no recuerdo, pidieron por su libertad, con la condigna respuesta del gobierno que entonces teníamos, respetuoso de las libertades elementales y sobre todo de la cultura.
Aquí, Videla, que en los primeros días de su gobierno procura un acercamiento con hombres de la cultura, invita a cenar a los pocos días de producido el golpe a Dardo Cúneo, el padre Castellani, Borges, Sábato y algún otro. Dora, la mujer de Haroldo, revuelve cielo y tierra y ve a cada uno de los invitados para pedir por él. Dardo Cúneo, invitado por la S.A.D.E., aduce que al tener una representación oficial no puede comprometer a la institución que representa; Borges, dice que no se mete en política; Sábato, que le parece descortés introducir un tema conflictivo en el marco de una invitación amable, por fin, el padre Castellani, que había sido profesor de Haroldo en el Seminario de Villa Devoto, dice que aunque no lo recordaba, iba a abogar por él por un elemental sentido de solidaridad cristiana.
Por supuesto que Videla, al planteársele el tema, se abre bien de piernas, tal como habían hecho el resto de los invitados, y dice que el tema no depende de él, que está fuera de su alcance, pero que sin embargo promete ocuparse en la medida de lo posible. Parece que la medida era bien pequeña.
Como dije antes, cuando hablé de mi ingenuidad y desconocimiento del tema por no estar en la cosa, cada tanto, cuando se publicaban listas de personas que estaban en poder del P.E. y eran liberadas, las leía ansiosamente esperando encontrarlo a Haroldo. Pensaba que lo que demoraba su liberación eran las terribles torturas que había sufrido, y que una vez curado y presentable, se atreverían a largarlo a la calle.
Pero un día, después de largos, terribles años, todo terminó. Como si nada hubiera pasado. No hubo más enfrentamientos con muertos por las calles, no hubo más liberados en poder del P.E. No hubo más nada, salvo una cínica declaración de que a aquellos que no habían aparecido se los debía dar por desaparecidos.
Luego, homenajes, muchos homenajes, discursos de gente que apenas lo había conocido y que de repente aprovechaban sus fugaces quince minutos de fama.
Pero a mí me dolió una cosa: ¿quién y porqué se había permitido privarme de un muy querido amigo? ¿Cómo podría yo recuperar esas tardes de otoño paseando en bote por el delta, adivinando el tiempo en el que estábamos por el color de las hojas de los árboles?, ¿o en los finales de invierno, escuchando a lo lejos el canto del ruiseñor, como un presagio de la llegada de la primavera? ¿O las noches de carnaval, arrimando el bote al muelle para invitar a subir a dos muchachas, ante la mirada desaprobadora de Dora, acompañada por un amigo en otro bote? ¿O las tardes de verano en que Haroldo nos armaba a cada uno de los que estábamos con sendos machetes y nos hacía limpiar toda la isla porque el domingo había una reunión para todos los de filosofía y, ya sabemos, estos son gente exigente en materia de orden y limpieza? ¿O las noches solos, en mi pequeña cabaña que me ayudaba a pintar, cuando, cansados de trabajar, nos sentábamos en el pasto a conversar, a conversar sobre temas que no eran nada fútiles, y en los que yo, como recién iniciado, salía siempre enriquecido?
Quienes han disfrutado alguna vez de ese sagrado don de la amistad, quienes -aunque le den el nombre, no todos han tenido la suerte- la hayan vivido con la misma intensidad que la viví yo con Haroldo, saben que he perdido algo único, irremplazable, irrecuperable. Yo, que no creo en el más allá, que estoy cierto de que todo termina aquí, no tengo el vano consuelo de que me encontraré con Haroldo en otro mundo. Todo lo que pudo haber sido, debió haber sido aquí, y no fue casi nada. ¡Cuánto faltaba!
No puedo pues imaginarme a Haroldo en otros lados, haciendo otras cosas, y acordándose de mí. No puedo imaginar de qué modo habría transcurrido su existencia. Si hubiera permanecido fiel a sus convicciones o si, como tantos otros, habría claudicado, siquiera parcialmente. ¡Son tantas las cosas que no puedo imaginar!
Dicen los judíos que el elemento más importante en el tema del perdón es que una persona que hiere a otra debe pedir perdón a su víctima y que sólo ésta puede perdonarlo. Por eso nunca se puede perdonar a un asesino, ya que los únicos que pueden hacerlo están muertos.
Por eso no los perdono. Y además, ni siquiera piden perdón.
(En la foto, Haroldo limpiando su barco Alejandra, cuyo motor nunca funcionaba)

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9 Comentarios:

A la/s 11:53 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

Que triste la historia.
Re triste.
Como lo describis.
Esta bueno que no creas en el mas alla,pero sin duda en este comentario tuyo...no se,hoy estamos pensando en el...yo venia disfrutando de tus historias,de su caracter..Tengo un dia de nabismo.Deberia limitar mis escritos.Lo hare.
Cariños
A

 
A la/s 11:56 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

Crabcito:antes escribia y se publicaba directamente...ahora hay que esperar que vos apruebes...Loco,deja que se pongan solas las cosas y bancate lo que te escriban,por mas que sea cualquier cosa..dale.Que sea un homenaje a la libertad en nombre del Gran Harold!
Cariños
A

 
A la/s 11:59 a. m., Blogger Crab dijo...

No, fue un error. Hice click en un lado indebido y ahora no lo puedo ubicar. Hoy mismo queda solucionado. Prometo.

 
A la/s 1:51 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

Beloved Crab...hoy es 23 de marzo.No digo que sea:increible..pero parece un guiño desde algun lado.
No?
Cariños
A

 
A la/s 2:51 p. m., Blogger Anahí Lazzaroni dijo...

Crab:

Recién encontré esto y no se si te enteraste, en una de esas te interesa.Rodolfo Walsh
Centro Cultural Recoleta


Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, 14 a 21 hs. Sábados, Domingos, Feriados, 10 a 21 hs. Gratis

Junín, 1930. Tel:4803-1040
Cómo llegar: colectivos 10, 17, 38, 61, 62, 59, 67, 92, 93, 101, 102, 110, 124, 130.

“Rodolfo Walsh 30 años después”, se inaugurará este jueves, a las 19, en el Espacio Literario del Recoleta. Con curaduría de María del Carmen Vieites, la exposición se centra en el film “Operación Masacre”, realizado en 1972. Se exhiben 18 fotos tomadas en esos años al escritor, muchas inéditas para el gran público y se incluyen las críticas del estreno, publicado el 27 de septiembre de 1973 por los diarios más importantes de la época. Además, la voz de Walsh enmarca la presentación con la lectura de sus textos. En la inauguración se presentará un nuevo número de La Mirada Cautiva con un dossier dedicado al escritor.
Organizan: Centro Cultural Recoleta y Museo del Cine

 
A la/s 6:20 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

He leído todos y posteado algunos de tus relatos. En relación con Haroldo, debo decir que hay datos que no coinciden con otras versiones que tengo de la historia. Pero lo importante no son los datos... si entendí lo que querías decir, lo importante es lo que perdiste, lo que no podés recuperar y lo que tanta falta te hace cada día. La amistad, sin ninguna duda, es el mayor de los sentimientos. Quien no tiene o tuvo amigos, amigos de verdad, pasó sin más por esta vida. Ni sus hijos podrán reivindicarlo por mucho que lo intenten. Vos, por suerte, tuviste a unos cuantos. De los buenos, de los de verdad. Yo no tuve a tantos, pero los tengo me alcanzan para entender que su ausencia me produciría un vacío constante y eterno. Un besote enorme.

 
A la/s 6:48 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

EY! LA ANONIMA DE AYER SOY YO, EH? NO ME ACUERDO DE FIRMAR... SOY LORENA, LA DE ARLES.

 
A la/s 8:46 a. m., Blogger Crab dijo...

Gracias a todos, en nombre de la amistad, que inspiró estos posts.
Gracias a Anahí, que desde Usuhaia me manda un dato sobre Rodolfo Walsh (que tendrá también, de paso, un homenaje en la Biblioteca Nacional el lunes a las 19). Gracias a A., que señala una notable causalidad (tan luego a mí, que no creo en las casualidades) en la que no había reparado. Gracias, por fin a Lorena, siempre alerta a estas cosas del corazón.

 
A la/s 3:28 p. m., Blogger Cáncer de ¿qué? dijo...

La amistad es superior al amor-pasión porque el amor-pasión sabe, lamentablemente, prescindir de la admiración (vos y yo estamos enamorados de serial killers).

Con admiración y amistad, espero que sólo seas "chupado" por una amante...

 

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