Mascaró


Alea jacta est

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jueves, abril 09, 2009

Frivolidad presidencial



Estoy leyendo un libro muy interesante y muy bien documentado, titulado El dictador - La historia secreta y pública de Jorge Rafael Videla, de María Seoane y Vicente Muleiro, editado por Sudamericana, del cual me ocuparé en un blog futuro, cuando termine de leerlo (638 pgs.).
Por ahora quiero tocar sólo un aspecto frívolo, pero interesante, porque muestra cómo las mujeres, no importa el signo político al que adscriban, siempre tienen algo en común. Cito:
"En la megatienda Marc Company, ubicada en la calle 33, entre la 5a. Avenida y Broadway, la mujer de Videla se paseaba con un centímetro al cuello para medir el cargamento de ropa que, entre otras cosas, compró para su familia. Hartridge era considerada por funcionarios y periodistas como "el terror de las grandes tiendas" por su compulsión al consumo y los paquetes con que abarrotó el avión que trajo de regreso a la Argentina a Videla y su comitiva. Videla, además, compró una bicicleta con motor para uno de sus nietos. Y generando un ruido inconveniente para ese escenario elegante, la probó sobre las alfombras Luis XVI de la suite del Waldorf Astoria. El 11 de setiembre regresó a Buenos Aires. Desembarcó en la base aérea de El Palomar. Los periodistas fueron los últimos autorizados a descender: la orden fue que no vieran el cargamento de objetos importados de contrabando que traían Videla, su esposa, y el resto de los funcionarios".
Y más adelante, en China:
"Videla... participó de almuerzos y cenas con la dirigencia china, mientras su esposa y las de otros funcionarios de la comitiva, como siempre en cada viaje -según contaron los periodistas que los cubrieron- compraban sin control cientos de metros de seda, piezas de porcelana, biombos y otros productos típicos que hicieron que la comitiva oficial debiera separarse en su viaje de regreso por ese cargamento privado que, al llegar a la Argentina, no pasaba por aduana".

¿A qué les hace acordar?

Me imagino a Videla y Kirchner, diciendo premonitoriamente a sus esposas: "Querida, parala un poquito, que esto de la presidencia no es eterno".
Ahora, che, Videla, esto de andar con la bicicleta por las alfombras del Waldorf, realmente...

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