Mascaró


Alea jacta est

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miércoles, abril 08, 2009

La maldita TV II - Fringe


En un post del 21 de marzo, hablaba de mis preferencias en la TV.
Aclaraba que no veo TV de aire. No por snobismo, sino porque con esa cuestión de los horarios que tienen, que hace que uno sintonice un programa y todavía esté el anterior, y no se sepa cuándo va a venir el que se quiere ver, aunque nos digan continuamente que enseguida viene.
De modo que veo sólo cable, que por ahora es confiable... al menos en los horarios.
Y así y todo no son muchas las cosas que me gustan (aparte de alguna película, que son en su mayoría repetidas o de superacción, con los musculosos mamarrachos acostumbrados).
Entonces mencionaba sólo cuatro o cinco series que me parecen destacables.
Todavía tenía una en remojo, que era una nueva que recién se había estrenado, y sobre la que no quise dar un juicio apresurado hasta no tener una visión un poco más clara.
Hoy, después de tres episodios, me animo a darla.
Es ficción científica, pero creíble. O sea, especula sobre hechos que si bien no está probado que sucedan, son susceptibles de suceder, a poco que se perfeccionen ciertos instrumentos, tanto científicos como psicológicos. Es decir, la podemos creer.
La historia trata de una investigadora del FBI, encarnada por la australiana Anna Torv, que intenta descubrir qué hay detrás de sucesos muy extraños que ocurren: pasajeros de un ómnibus que quedan atrapados en una extraña sustencia, como mosquitos en ámbar; un bebé recién nacido que envejece rápidamente y muere a las pocas horas (como El curioso caso de Benjamin Button, de Brad Pitt, pero al revés), un poderoso misil que atraviesa la tierra, etc. (no les voy a contar todo, si no no tiene gracia). Todo gira en torno de fenómenos extrasensoriales, como indica su título: telepatía, levitación, invisibilidad, reanimation, mutaciones genéticas, teletransportaciones, nanotecnología, inteligencia artificial, precognición, cibernética, y sigue la lista.
Por supuesto, Anna actúa secundada por una serie de actores. Todo el conjunto actúa como es debido y en forma homogénea.
Anna tiene una máscara especial: por momentos aparece hermosa, y por momentos muy fea. No sé cómo se presta a ese juego, ya que a toda actriz le gusta aparecer siempre linda, por supuesto.
La trama está muy bien dosificada, con buena dosis del mejor suspenso. Hay un negro de aspecto muy extraño, el jefe de Anna, que tiene un rostro impenetrable, realmente muy particular.
Curiosamente, en una entrada de Google hay una crítica que la hace pelotas.
No obstante ella, me arriesgaría a agregarla, al menos por ahora, a mis cuatro o cinco favoritas.

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