Mascaró


Alea jacta est

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miércoles, febrero 10, 2010

Seguimos con los derechos

La autenticidad de la carta del post anterior me pareció sospechosa, pero el hecho de estar firmada por el ministro de Canadá, sin que éste saliera a desmentirlo, calmó un poco mis sospechas.

No ocurre lo mismo con ésta, evidentemente apócrifa, que contiene todos los clásicos argumentos de la derecha, repetidos al cansancio.

Sin embargo, Crab piensa que es un punto de vista que siempre hay que tener en cuenta: los derechos que la ley otorga deben ser, como dice el Prámbulo de la Constitución "para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino".

Carta de una madre a otra madre:

Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de TV en la manifestación de ayer en favor de la reagrupación de presos y su transferencia a cárceles cercanas a sus familiares.

Vi cómo te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo y de lo que supone económicamente para vos ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.
Vi también toda la cobertura mediática
que dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación y de otras personas que querían ser solidarias contigo y que contabas con el apoyo de nuestra reina presidenta y su demente esposo, comisiones pastorales, órganos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONG's etc. etc.
Yo también soy madre y puedo comprender tu protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo.

Trabajando y ganando poco, idénticas son las dificultades y los gastos que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio solo puedo visitarlo los domingos porque trabajo incluso los sábados para el sustento y educación del resto de la familia.
Felizmente también cuento con el apoyo de
amigos, familia etc.

Si aún no lo sabes, yo soy la madre de aquel joven que murió cuando se dirigía al trabajo con cuyo salario me ayudaba a criar y mandar a la escuela a sus hermanos menores y que fue asaltado y herido mortalmente de un tiro que realizo tu hijo. En la próxima visita cuando tu estés besando y acariciando a tu hijo yo estaré visitando al mio y depositándole unas flores en su tumba.

¡Ah! Se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un cómodo colchón y comiendo comida caliente todos los días.

Otra cosa querida: ni en el cementerio, ni en mi casa nunca vino ningún representante de esas entidades que tan solidarias son con vos para darme apoyo ni dedicarme unas palabras de aliento y ni siquiera para decirme cuáles son MIS derechos.

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