Mascaró


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viernes, agosto 28, 2009

Estrafa yanqui a Holanda

El Museo Nacional de Armsterdam (Rijksmuseum) tenía una pieza sorprendente, un preciado objeto que iba más allá del arte: una piedra lunar obtenida por los astronautas de la Apollo II en su primer viaje a nuestro satélite. Del tamaño de un paquete de cigarrillos, era mostrada como una rareza y parecía tener todas las credenciales necesarias. Era un regalo de EEUU al entonces primer ministro holandés, Willem Drees, en 1969.

Sin embargo tan sonoros padrinos no pudieron evitar el desastre. Según un grupo de geólogos que acaban de analizarla, la cosa, ni vino de la Luna y ni siquiera es un mineral. Es un pedazo de madera, eso sí, petrificada, de origen desconocido. La historia fue admitida por el propio boletín del museo que tomó el desengaño con espíritu deportivo. "Es un recuerdo curioso, con una bonita historia detrás y muchas preguntas sin respuesta. Por eso lo conservaremos", dijo ayer Xandra van Gelder, portavoz del Rijksmuseum y supervisora de la investigación.
La piedra lunar formaba parte de la colección personal de Drees. Cedida al museo por su familia, nadie dudó nunca de su valor. Sobre todo porque William Middendort, entonces embajador de EEUU en Holanda, la ofreció en un momento cumbre: durante la primera gira mundial efectuada por los tres astronautas de la Apollo II, Nell Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, tras el alunizaje.
Ahora, las preguntas obligadas: ¿Cómo es posible que el embajador serio de un país respetado creyera que la madera fosilizada era un pedazo de la luna? ¿Acaso lo engañaron? y sobre todo ¿Por qué a nadie le extrañó que los astronautas repartieran souvenirs por ahí, apenas aterrizados? Esto se parece bastante a la reliquia (un pedazo de la cruz de Cristo) que tiene toda iglesia.
Como dice el Rijksmuseum, las preguntas sin respuesta también tienen su encanto. La única que salió perdiendo es la compañía de seguros: la piedra en cuestión estaba asegurada en 50.000 euros y ahora sólo vale 50.

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