Mascaró


Alea jacta est

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jueves, agosto 27, 2009

De rigurosa actualidad

Aspiro a ser diputado, porque aspiro a robar en grande y a acomodarme mejor. Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en que lo han hundido las anteriores administraciones, de compinches sinvergüenzas; no, señores, no es ese mi elemental propósito, sino que íntima y ardorosamente, deseo contribuir al trabajo de saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado.

Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales. Ante todo, se necesita ser un cínico perfecto, y yo lo soy, no lo duden señores.
En segundo término, se necesita ser un traidor, y yo también lo soy, señores. Saber venderse oportunamente: no desvergonzadamente, sino evolutivamente... La posición del país no encuentra postor ni por un plato de lentejas en el actual momento histórico y trascendental. Y créanme, señores, yo seré un ladrón, pero antes de venderme por un plato de lentejas, créanlo... prefiero ser honrado. Abarquen la magnitud de mi sacrificio, y se darán cuenta de que soy un perfecto candidato a diputado.
Cierto es que quiero robar, pero ¿quién no quiere robar? Díganme ustedes quién es el desfachatado que en estos momentos de confusión no quiere robar. Si ese hombre honrado exsiste, yo me dejo sacrificar.
Mis colegas también quieren robar, es cierto, pero no saben robar. Venderán el país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida. Ustedes saben que las arcas del Estado están enjutas, es decir, que no tienen un mal cobre para satisfacer la deuda externa; pues bien, yo remataré al país en cien mensualidades, de Ushuaia hasta el Chaco boliviano. Y no sólo traficaré al Estado, sino que me acomodaré con falsificadores de alimentos, con concesionarios, adquiriré armas inofensivas para el Estado... Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la que yo no sea capaz de robar, renuncio ipso facto a mi candidatura... Verán ustedes que soy el único, entre todos estos hipócritas que quieren salvar al país, el absolutamente único que puede rematar hasta la última pulgada de tierra argentina... incluso me propongo vender el Congreso e instalar un conventillo en el Palacio de Justicia. Porque si yo ando en libertad, es que no hay justicia, señores...
Roberto Arlt - Aguafuertes porteñas, circa 1930

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