Mascaró


Alea jacta est

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miércoles, julio 23, 2008

Seguimos con la droga

El Tour pone de triste actualidad el tema de la droga en el deporte.
Como decía Crab en el post anterior, es en el ciclismo donde comenzó a usarse por primera vez el doping, y especialmente en las dos grandes pruebas anuales, que luego fueron imitadas por distintos países: el Tour de France, y el Giro d'Italia.
Son pruebas ciclópeas. Una carrera ciclística de aliento, en carretera, recorre unos 200 kms. El Tour actual implica 3.500. Es decir, como si se corrieran 17 carreras normales, en sólo 22 días. O sea, se está corriendo por día prácticamente una carrera de las corrientes.
Pero además, el Tour implica subir montañas constantemente. También bajarlas, claro, pero esto es más fácil, aunque más riesgoso: debemos agregar los riesgos de las caídas colectivas que generan, con consecuencias en muchos casos graves.
Hoy La Nación hace una historia del doping en el Tour.
Prácticamente todos los grandes héroes del Tour confesaron con posterioridad haber utilizado estimulantes. El belga Jacques Antequil con cierta dosis de cinismo, incluso: "Sólo un tonto cree que se puede ganar el Tour tomando agua mineral".
Las substancias dopantes son infinitas. No las detallaré para no estimular la imaginación.
Hay prácticamente una batalla librada entre los laboratorios, dedicados a producir estimulantes que no puedan ser detectados, y los organismos de control, que afinan cada vez más sus métodos.
Pero claro, los laboratorios están siempre un pasito más adelante. Son el engranaje que produce los nuevos campeones. Que a poco son descubiertos.
En Pekin se prevén 4.000 controles. Pero siempre habrá un atleta que no será descubierto y gozará de su efímera gloria. A costa de su vida, probablemente, como el inglés Tony Simpson, que murió en plena competencia porque se le fue la mano, y algunos más, de menor nombradía. O de acortarla, porque los estimulantes, créanme, no son alimentos saludables.

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