Mascaró


Alea jacta est

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sábado, abril 16, 2011

Hay una historia detrás

Hace un tiempo, Crab publicó una reseña de Damon Runyon y un cuento que le pertenecía. Hoy insistimos, siempre en traducción propia. Es difícil traducir a Runyon: recrea un mundo muy personal por el que él transitó, y que ya no existe (si alguna vez existió) poblado de gansters, mujeres de vida fácil, garitos, fulleros, apostadores y capitalistas de juegos, carreras de caballos, casinos clandestinos, todo por supuesto regado con abundante alcohol, en tiempos justamente de la ley seca.

Pero creo que de cualquier forma, la idea está dada, y el lector podrá conocer un mundo fascinante que sin dudas le gustaría habitar. Que lo disfruten.

HAY UNA HISTORIA DETRÁS

Estoy una noche en un garito de Miami mirando jugar a los dados y pensando qué lindo sería, por cierto, poder jugar a los dados sin tener que preocuparse por perder unos pesos. Muchas altas personalidades de New York y Detroit y San Louis y de otras ciudades están alrededor de la mesa, y hay bastante acción a pesar de los duros tiempos. De hecho, hay tanta acción que un tipo con sólo unos pocos pesos encima, como yo, sería considerado muy poco educado si tratara de meterse en el juego, porque están todos muy amontonados en torno de la mesa.

Estoy probablemente a tres filas de la mesa, observando el juego parado en la punta de mis pies y espiando por encima de los hombros, y todo lo que oigo es a Goldie, el croupier, gritando plata-plata-plata cada vez que un tipo consigue un número, de modo que puedo ver que los dados están por cierto muy calientes, y que los apostadores que lo hacen correctamente la están pasando de primera clase. De tanto en tanto, un tipo llamado Guinea Joe, de Trenton, toma los dados y comienza a conseguir números a derecha e izquierda, y conozco lo bastante acerca de este Guinea Joe como para saber que cuando él comienza a conseguir números uno sería bien estúpido por cierto si no sigue su mano, aunque personalmente soy generalmente un mal apostador contra los dados, si es que apuesto a algo.

Ahora todo lo que tengo en mi bolsillo es un billete de dos dólares, y la cuenta del hotel me llegará el día siguiente, y necesito este billete, pero con Guinea Joe más caliente que una brasa no seguirlo sería desperdiciar una gran oportunidad, de modo que cuando hace un ocho, que es un número muy simple para Joe cuando está caliente, extraigo mi billete, y lo deslizo por entre los tres tipos que están delante mío en la mesa, y le digo a Lefty Park, que está jugando contra los dados: "tomaré la apuesta, Lefty".

Bueno, Lefty mira mi billete y asiente con la cabeza, porque Lefty no es un tipo que haya de rehusar ninguna apuesta, aun cuando sea tan modesta como la mía, y enseguida Goldie grita plata-plata-plata, y ahí estoy, con veintidós dólares.

Enseguida Guinea Joe saca un nueve, y naturalmente apuesto treinta por veinte de mi azúcar, porque nueve es nada para que Joe lo haga cuando está caliente. Él saca justamente el nueve, como me figuré, y yo apuesto dos a uno la mitad de lo que tengo cuando comienza a buscar un diez, y cuando saca el diez ya estoy justo frente a la mesa, porque ahora soy un tipo importante. Bien, la conclusión de todo esto es que finalmente me encuentro con trescientos dólares, y cuando parece que los dados comienzan a enfriarse, comienzo a retirarme alejándome de la mesa, y mientras voy retrocediendo estoy tratando de parecer uno de esos tipos que han perdido toda su plata, porque hay siempre muchos lobos aguardando alrededor de los garitos y de uno y otro lado esta temporada en Miami, y lo que ellos están tratando de hacer es poder pegar un pechazo a cualquiera que haya podido hacer una pequeña diferencia.

De hecho, nadie puede recordar cuándo ha sido tan abundante el pechazo como en esta temporada en Miami, con la situación de desempleo entre los muchos ciudadanos que han venido esperando encontrar trabajo en los garitos, o alrededor de las carreras de caballo. Pero tan pronto como esos ciudadanos llegaron, todos los garitos cerraron, excepto unos pocos, y los apostadores de caballos fueron expulsados del hipódromo, y las consecuencias son que los padecimientos son más intensos. Son intensos no sólo entre los ciudadanos visitantes, sino también para los dueños de propiedades de Miami, porque naturalmente si un ciudadano no está trabajando, nadie puede esperar que pague el alquiler; pero los dueños de propiedades de Miami no parecen entender esta situación, y se muestran muy poco razonables respecto del alquiler de sus cuartos. De todas formas, atravieso toda una multitud sin que nadie haya podido hacerme un pechazo, y estoy comenzando a imaginar que quizás pueda escapar y llegar a mi hotel y esconder mi plata antes de que comience a circular la noticia de que gané quinientos dólares, que es la suma a que ascenderá seguramente mi ganancia para el momento en que el rumor alcance a todos los rincones de la ciudad.

Entonces, justo cuando estoy pensando que estoy a salvo, me encuentro mirando cara a cara a un tipo de nombre Hot Horse Herbie, y puedo ver por la expresión de Hot Horse Herbie que ha estado ahí observándome por algún tiempo, de modo que no dará resultado decirle que me han limpiado en el juego. De hecho, no puedo pensar en demasiado que decirle a Hot Horse Herbie para impedir que me haga un pechazo de por lo menos unos pocos dólares, y quedo atónito cuando no se dispone a hacerme un pechazo, sino que me dice lo siguiente:

-Bueno -dice- estoy por cierto muy contento de verte hacer una diferencia tan grande. Te veré mañana en las carreras, y te tendré algunas importantes noticias para vos.

Entonces se aleja y yo permanezco ahí con mi boca abierta mirándolo, y por cierto que esta es una manera muy extraña para Herbie de actuar. Es la primera vez que supe que Herbie rehuyera una chance de hacerle un pechazo a alguien, y apenas si puedo entender una actitud similar, porque Herbie es un tipo que no dejará escapar una ocasión de pegar un pechazo, aún cuando no lo necesite. Es un tipo alto, delgado, con una cara triste y una larga barba, y lo llaman Hot Horse Herbie porque siempre tiene un caballo muy caliente para contarle a uno al respecto. Siempre tiene un caballo que está tan caliente que prácticamente echa humo, un caballo caliente es un caballo que no puede perder una carrera a menos que se caiga muerto, y aún cuando los caballos calientes de Herbie pierden a menudo sin caerse muertos, ello no le impide a Herbie volver nuevamente con otros igualmente calientes.

De hecho, Hot Horse Herbie es lo que se llama un buscavidas en las carreras de caballos, y su negocio es enterarse de esos caballos calientes, o tan siquiera sospechar acerca de ellos, y entonces conseguir que alguien les apueste, lo cual es un negocio muy legítimo por cierto, ya que Herbie cobra su comisión sólo si el caballo gana, y si no gana, Herbie se mantiene fuera de la vista de quienquiera que haya conseguido que apostara a sus caballos calientes. Hay muy pocos tipos en el mundo que puedan mantenerse fuera de la vista mejor que Hot Horse Herbie, y especialmente de la del viejo Capitán Duhaine, de la Comisión de Carreras, quien anda siempre por ahí echando agua fría sobre los caballos calientes.

De hecho, el Capitán Duhaine sostiene que tipos como Hot Horse Herbie no son sino inoportunos espías, y a veces consigue incluso hacerlos echar del hipódromo, pero por supuesto el Capitán Duhaine es un viejo muy poco sentimental que no alcanza a ver lo que personajes como Hot Horse Herbie agregan al romance del turf.

De todos modos, escapo del garito con toda mi plata encima, y me apresuro hasta mi cuarto, y me encierro en él por toda la noche, y no me dejo ver en público hasta bien entrado el mediodía de la mañana siguiente, cuando ya es tiempo de ir a mi café acostumbrado para tomar mi desayuno. Y por supuesto para entonces la noticia sobre mi buena suerte circula por toda la ciudad, y muchos tipos están ansiosos por tomar contacto conmigo. Pero naturalmente ahora ya estoy en condiciones de explicarles que he girado la mayor parte de los trescientos que gané a Nebraska, para salvar a la granja de mi padre de ser incautada por el sheriff, y aunque todo el mundo sabe que no tengo padre, y que aun cuando lo tuviera no estaría mandándole dinero para una cosa así como salvar una granja, con los tiempos que se están pasando en Miami, nadie es lo suficientemente descortés como para dudar de mi palabra, excepto un tipo llamado Pottsville Legs, quien desea ver el recibo de la oficina de telégrafo cuando le explico porqué no puedo prestarle dos dólares.

No vuelvo a ver a Hot Horse Herbie hasta que voy al hipódromo y él me está esperando precisamente frente a la gran puerta de entrada, y tan pronto como me dejo ver me lleva a un costado y me dice:

-Ahora bien, dice Herbie, estoy bien al tanto respecto a cierta carrera hoy. De hecho, dice, si cualquier tipo que supiera lo que yo sé no apuesta todo lo que pueda rascar a cierto caballo, ese tipo tendría que cortarse su garganta y sacarse de circulación para siempre. Lo que sé, dice Herbie, es suficiente como para sacudir los cimientos de esta ciudad si llega a saberse. No preguntes nada, dice, pero estate listo para apostar toda la guita que ganaste la otra noche en este caballo que voy a mencionarte, y todo lo que voy a pedirte a cambio es que apuestes quince para mí. Y, dice Herbie, por favor no me digas que dejaste todo tu dinero en tus otros pantalones, porque sé que no tenés otros pantalones.

-Bueno Herbie, le digo, no dudo de tu información, porque sé que no andás por ahí dando información a menos que ésta esté bien fundada, le digo, yo raramente estoy buscando un dato, y en cuanto a apostar quince para vos, bien sabés que yo no apostaría quince ni siquiera para mí si alguien me garantizara un ganador. De modo que te agradezco, Herbie, de todos modos, digo, pero me voy a arreglar sin tu dato. Y con esto comienzo a irme.

-Ahora bien, dice Herbie, esperá un momento. Va con una historia.

Bueno, por supuesto esta es una cosa enteramente diferente. Soy esa clase de tipos que siempre habrá de escuchar a un dato sobre un caballo si el dato va acompañado de una historia. De hecho, no daré un niquel por un dato sin una historia, pero debe ser una historia de primera, y la mayoría de los jugadores de caballos son iguales. De hecho, hay muy pocos apostadores de caballos que no escuchen a un dato si va con una historia, porque esta es la forma como es la naturaleza humana. De modo que me doy vuelta y regreso hasta Hot Horse Herbie, y le digo:

-Bien, dejame oír esa historia, Herbie.

-Ahora bien, dice Herbie, bajando bien la voz, en caso de que el viejo Capitán Duhaine pueda estar por ahí en alguna parte escuchando. Es en la tercera carrera, y el caballo es un caballo de nombre Never Dispair. Es una carrera arreglada, dice Herbie, todos van a dejar ganar a Never Dispair. Los demás van a correr para atrás.

-Bien, digo a Herbie, esto es simplemente una idea, Herbie, y no una historia.

-Esperá un momento, dice Herbie, La historia que va con el dato es una historia muy extraña por cierto. De hecho, dice, es una historia tal que yo mismo apenas la creería, y generalmente creo casi cualquier historia, incluyendo, dice, aquellas que extraigo de mi propia cabeza. De todos modos, la historia es la siguiente: Never Dispair fue comprado por un viejo tipo de nombre Seed Mercier, dice Herbie, Quizás recuerdes haberlo visto por ahí. Siempre usa un sombrero negro inclinado y una barba gris, dice Herbie, y tiene probablemente cien años, y sus caballos son por cierto muy terribles caballos. De hecho, dice Herbie, no recuerdo haber visto caballos más terribles en todos estos años en que ando por los hipódromos, y, dice Herbie, me gustaría agregar que he visto algunos caballos muy terribles, por cierto.

-Ahora bien, continúa Herbie, el viejo Mercer tiene una nieta que tiene alrededor de dieciséis años, llamada Lame Louise, y que quedó paralítica desde la niñez por la parálisis infantil, y el hecho de que quedara paralítica de tal modo hace que el viejo Mercer se sienta muy mal, porque ella es todo lo que él tiene en el mundo, excepto esos terribles caballos.

-Es una historia muy larga, Herbie, digo, y tengo que ver a Moe Shapoff acerca de un caballo en la primera carrera.

-Olvídate de Moe Shapoff, dice Herbie, sólo te contará de una carreta llamada Zachary en la primera carrera, y Zachary no tiene ninguna chance. Te doy a Your John como fija en la primera.

Bueno, digo, olvidemos la primera y sigamos con tu historia, aunque está comenzando a sonarme demasiado confusa para mí.

Bien, dice Herbie, la parálisis de Lame Louise no sólo pone al viejo Mercer muy triste, dice, sino que pone también muy tristes a muchos jockeys y a otros tipos que están alrededor del mundo de las carreras, porque conocen a Lame Louise desde que era así de grande y ella siempre tiene una sonrisa para ellos, especialmente para el jockey Scroon. De hecho, dice Herbie, el jockey Scroon está más triste respecto de Lame Louise que el viejo Mercer, porque el jockey Scroon ama a Lame Louise.

-Pero cómo, digo muy indignado, el jockey Scroon es nada más que un pequeño tramposo. He visto al jockey Scroon hacerles cosas a los caballos que apuesto tendrá que responder por ellas el día del Juicio Final, si es que existe alguna justicia para entonces. El jockey Scroon no es sino un gran sinvergüenza, así como todo el resto de los jockeys.

-Sí, dice Herbie, lo que decís es muy, muy cierto, y yo personalmente estoy en favor de la silla eléctrica para todos los jockeys, pero, dice, el jockey Scroon ama a Lame Louise de todas formas, y está pensando en cómo hacerla su amada esposa cuando consiga unos mangos todos juntos, lo cual, dice Herbie, convierte a Louise ocho contra cinco en candidata segura para vieja solterona El jockey Scroon se aloja en mi misma pensión, dice Herbie, y habla francamente conmigo de su amor por Lousie. Por otra parte, dice Herbie, el jockey Scroon no es personalmente tan mala persona, aunque por supuesto el hecho de ser jockey es a menudo causa de grandes malentendidos por parte del público.

De todos modos, dice Herbie, sucede que la otra noche yo fui temprano a mi casa antes de encontrarme con vos en el garito, y oí voces que venían desde fuera de mi cuarto, y naturalmente me puse al lado de la puerta para escuchar, porque según todas las chances podría ser el casero hablando acerca del alquiler del cuarto, aunque, dice Herbie, no pienso que a esta altura mi casero deba estar muy preocupado porque lo vi husmeando en mi cuarto hace algunos días y tratando de alzar mi baúl para asegurarse de que yo tenía algunas cosas en él, pero sucede que unos días antes yo lo había clavado al piso, de modo que al no poder levantarlo, el casero debe de haber pensado que soy un tipo con muchas pertenencias.

Esas voces, dice Herbie, eran principalmente voces de soprano, y al principio pensé que el jockey Scroon estaba ahí con algunas muñecas, lo que no está permitido de ningún modo en nuestra pensión, pero luego de escuchar un poco, descubrí que eran las voces de muchachos jóvenes, y descubrí que esos muchachos no eran sino jockeys, y que eran los seis jockeys que iban a correr la tercera carrera, y que estaban tramando arreglar la carrera, de modo de dejar ganar a Never Dispair, que va a montar el jockey Scroon, y, agrega Herbie, la razón por la cual están arreglando esta carrera es la parte más extraña de la historia. Parece, dice, que el jockey Scroon oyó al viejo Mercer hablar acerca de un gran cirujano de Europa que es un experto arreglando parálisis como la de Lame Louise, y que acaba de llegar a Palm Beach para pasar el invierno, y el viejo Mercer estaba diciendo cómo le gustaría tener el dinero suficiente para llevarle a Lame Louise a este tipo para que la operase, y probablemente conseguir que camine de nuevo.

Pero por supuesto, dice Herbie, es bien conocido para unos y otros que el viejo Mercer no tiene un céntimo, y no tiene posibilidades de tener un céntimo a menos que uno de sus terribles caballos gane accidentalmente alguna carrera. Así que, dice Herbie, parece que estos jockeys comenzaron a charlar entre ellos, y se les ocurrió que sería algo muy simpático dejar que el viejo Mercer ganara una bolsa como los mil doscientos dólares que dejaría la tercera carrera de hoy, así podría llevar a Lame Louise a Palm Beach, y ahora ya tenés una gruesa idea de lo que está por suceder.

Además, agrega Herbie, esos jockeys terminaron su reunión haciendo un juramento entre ellos de que no contarían a ningún alma viviente lo convenido, para que nadie pudiese apostar a Never Dispair, porque, dice, estos pequeños hombrecitos son lo suficientemente listos como para ver que si llega a haber alguna apuesta sobre un caballo así habrá muy extensos comentarios posteriormente. Y, agrega, juzgo que han mantenido su juramento, porque Never Dispair está veinte a uno desde la mañana, y no escucho ni un suspiro en favor de él, y ahí tenés el dato todo para vos.

Bueno, digo, ¿y qué? Porque esta historia está comenzando a cansarme un poco, especialmente porque oigo la campana para la primera carrera, y debo ver a Moe Shapoff.

Bueno, dice Herbie, que tenés que apostar cada moneda que tengas a Never Dispair, inclusive los diez que vas a apostar para mí por haberte dado este dato y la historia que va con él.

Herbie, le digo, es una historia muy interesante por cierto, y muy triste también, pero, digo, lamento mucho que sea acerca de un caballo que habrá de montar el jockey Scroon, porque pienso que nunca habré de apostar sobre ninguna cosa que el jockey Scroon monte, aunque pague por adelantado. Y, le digo, por cierto no voy a apostar diez ni para vos ni para nadie.

Bien, dice Herbie, entonces prestame cinco dólares, porque necesito apostar algo para mí en esa carrera. De modo que le doy cinco a Herbie, y olvido todo acerca de este dato y de la historia que iba con él, porque si bien es cierto que disfruto de una historia que acompaña a un dato, siento que esta vez a Herbie se le ha ido un poco la mano con ésta.

De todos modos, ningún pronosticador vivo podría dar como favorito a Never Dispair en esta carrera, porque es una carrera de mil metros, y hace falta un montón de velocidad para ganarla, y cualquiera puede ver que el caballo del viejo Mercer no está para esas cosas. De hecho, The Dancer me dice que cualquiera de los otros cinco caballos podría ganarle a Never Dispair caminando, y todo el mundo debe pensar lo mismo, porque Never Dispair se cotiza ahora cuarenta a uno.

Personalmente, a mí me gusta un caballo llamado Loose Living, que es un caballo comprado por un tipo llamado Bill Howard, y oigo que Bill Howard está apostando con todo a su caballo, y cuando Bill Howard está apostándole todo a un caballo suyo un tipo tendría que estar fuera de sus cabales para no apostarle también al mismo caballo, ya que Bill Howard es por cierto muy listo. Loose Living está dos a uno al comienzo, pero a medida que pasa el tiempo comienzo a pensar que la plata que Bill Howard está apostando comienza a surtir efecto en las cotizaciones, ya que Loose Living baja a siete contra diez, y aunque no soy generalmente un tipo que acepte tomar siete a diez, puedo ver que hay aquí una proposición que no puedo desdeñar.

De modo que, naturalmente, me dirijo a la ventanilla de apuestas e invierto en Loose Living. De hecho, invierto todo lo que tengo conmigo en materia de dinero, que alcanza a ciento diez dólares, que es todo lo que me queda después de haber pagado la cuenta del hotel y de haberle dado los cinco a Herbie, y de haber oído lo que tenía que decirme Moe Shapoff sobre la primera carrera, y de haber recibido también un golpe en la segunda

Cuando primero llego a la ventanilla no tengo idea de apostarle todo lo que tengo a Loose Living, pero mientras estoy ahí haciendo cola comienzo a pensar en la excelente fija que es Loose Living, y qué raramente se le presenta a uno una oportunidad como ésa en la vida, de modo que naturalmente le apuesto todo lo que tengo.

Bueno, esta es una carrera que será recordada por uno y otro hasta el fin de sus días, ya que Loose Living sale primera, y está dos cuerpos adelante, con una cosa llamada Callipers segunda y con el resto amontonado excepto Never Dispair, y adonde está Never Dispair sino último. Ahora bien, una vez que Loose Living tomó la punta no hay que preocuparse al respecto, y estoy pensando que mejor voy para las ventanillas a cobrar, así no tengo que esperar mucho para juntarme con mi dinero. Pero luego pienso que mejor espero y veo la carrera, aunque personalmente nunca estoy demasiado interesado en mirar las carreras. Sólo me interesa su resultado.

Cuando doblan el codo, Loose Living está sencillamente robando, y cualquiera puede ver que el resto de la carrera será un paseo. Calliper está todavía segundo, y una cosa llamada Goose Pimples es tercera, y me sorprende ver que Never Dispair está peleando ahora el cuarto puesto, con el jockey Scroon castigándola ansiosamente con la fusta. Además, Never Dispair parece estar corriendo muy ligero, aunque luego pensé que esto podía ser porque los otros estaban comenzando a correr muy despacio. De todos modos, un muy extraño espectáculo tiene lugar ahora en la pista, ya que de repente Loose Living parece detenerse como si estuviese esperando el tranvía, y lo que es todavía más destacable, es que Callipers y Goose Pimple parecen también detenerse, y lo próximo que vemos, es que aquí aparece el jockey Scroon deslizándose furtivamente por los palos, y personalmente me da la impresión de que el jockey de Callipers se hiciera a un lado para darle suficiente espacio al jockey Scroon, pero seguramente el jockey de Callipers piensa que el jockey Scroon tiene difteria, y no quiere contagiarse.

Loose Living está lejos, en el medio de la pista, de todos modos, así que no tiene necesidad de moverse. Todo lo que Loose Living tiene que hacer es seguir retrocediendo, como parece estar haciendo desde que doblaron el codo, para dejar que el jockey Scroon la pase con Never Dispair para ganar por un cuerpo.

Bien, la carrera es prácticamente sobrenatural en muchos aspectos, y los jueces están muy contrariados al respecto, y reúnen a todos los jockeys en el recinto y les hacen un montón de preguntas, y al no quedar enteramente satisfechos con las respuestas, les vuelven a repetir las mismas preguntas un montón de veces. Pero todo lo que los jockeys pueden decir es que Never Dispair los pasó sigilosamente de una manera por cierto muy inesperada, mientras que el jockey Scroon, que por cierto es muy fresco, quiere saber si se supone que debe hacer sonar una corneta cuando pasa a un montón de tipos que parecen medio dormidos.

Pero los jueces no están todavía satisfechos, de modo que se ponen a investigar las apuestas, porque naturalmente cuando una carrera está arreglada, debe haber alguna razón para ello, como ser las apuestas, pero parece ser que todo lo que los jueces encuentran es un billete de cinco dólares a favor de Never Dispair vendido en las ventanillas, y no consiguen saber ni de un peso más apostado a favor del caballo. De modo que no hay demasiado que los jueces puedan hacer al respecto, excepto mirar a los jockeys con miradas muy duras, y los jockeys están acostumbrados a las miradas duras de los jueces, de todos modos. Personalmente, estoy seriamente contrariado por este negocio, especialmente cuando veo que Never Dispair pagó $ 86.34, y por doscientos yo soy capaz de ir hasta el recinto y empezar a gritar por la policía para que apresen a estos pequeños Jesse James por arreglar esta carrera y robarme todo mi dinero duramente conseguido, pero antes de que tenga tiempo de hacer esto, me encuentro con The Dancer, quien me dice que Dedicate en la próxima carrera es la cosa más segura que hubo nunca en un hipódromo, a cinco a uno, además. De modo que debo olvidarme de todo mientras corro para conseguir unos mangos para apostarle a Dedicate, y cuando Dedicate pierde, debo trabajar más para conseguir unos pocos mangos para apostarle a Vesta en la quinta, y para entonces la tercera carrera es una historia tan antigua que a nadie le preocupa lo que sucedió en ella.

Pasa cerca de una semana antes de que vea a Hot Horse Herbie nuevamente, y me figuro que se está escondiendo de todo el mundo porque tiene toda esa guita que ganó con los cinco que yo le di, y personalmente considero que es un tipo de no muy buenos modales, ya que por lo menos debiera devolverme los cinco. Pero antes de que se los mencione, Herbie me hace un gran saludo, y me dice:

Bueno, me dice, acabo de ver al jockey Scroon, y el jockey Scroon acaba de volver de Palm Beach, y la operación fue todo un éxito, y Lame Louise caminará nuevamente como cualquiera y el viejo Mercer está loco de contento. Pero, dice Herbie, no vayas a decir nada a nadie, porque los jueces pueden todavía estar tratando de saber lo que pasó en aquella carrera.

Herbie, le digo muy serio, ¿querés decirme que toda aquella historia que me contaste sobre Lame Louise, y todo lo demás, el otro día, era verdadera?

Claro, dice Herbie, por cierto que era verdadera, y lamento oir que no sacaste ventaja de mi información. Pero, dice, no te culpo por no creer mi historia, porque es una historia demasiado larga para que alguien la crea. No es una historia, dice Herbie, que le contaría a alguien si yo esperara que la creyera. De hecho, dice, es una histo­ria tan larga que no tuve tiempo de contársela a nadie más excepto a vos, o quizás hubiera ganado algo para mí en esa carrera.

Pero, dice Herbie, no te preocupes. Tengo un dato muy importante para una carrera mañana. Si, dice Herbie, ten­dré un dato más sabio que un árbol lleno de lechuzas, de modo que sé astuto y veme si tenés algunos mangos.

No hay peligro de que te vea, digo, muy triste, porque estoy muy apesadumbrado pensando que la historia que me había contado era cierta. Las cosas están terribles para mí en estos momentos, digo, y estoy pensando que quizás podrías devolverme los cinco que te presté, porque estarás muy bien con toda la plata que ganaste apostándoselos a Never Dispair, con el dividendo que dio.

Entonces una mirada muy extraña cubre la cara de Herbie, y alza su mano derecha, y me dice:

Desearía que me cayera muerto aquí mismo frente a vos, dice Herbie, si aposté un centavo a ese caballo. Es ver­dad, dice, estaba parado junto a la ventanilla para comprar un boleto para Never Dispair, pero el tipo que vende los boletos es un amigo mío llamado Heeby Rosenbloom, y Heeby me susurra que Big Joe Gompers, el dueño de Calli­pers, acababa de apostarle quinientos a su caballo, y, dice Herbie, sé que Joe Gompers es un tipo que no habrá de apostarle ni la mitad de un billete a ninguna cosa que no tenga como respaldo al Banco Central garantizándola. En­tonces me puse a pensar en lo malo que es Scroon como jockey, y por cierto que es muy malo, y en que es tan malo que es capaz de perder hasta una carrera arreglada, así que compré un boleto para Callipers.

Bueno, dije, alguien compró el billete de cinco dólares de Never Dispair, y me figuré que no podía ser nadie sino vos.

Bueno, dice Herbie, ¿no oiste hablar al respecto? Bueno, el capitán Duhaine, de la Comisión de Carreras, siguió el rastro de ese boleto y descubrió que fue comprado por un tipo llamado Steve Harter, y la forma como este tipo Harter llegó a comprarlo es muy sorprendente. Parece, dice Herbie, que este Harter es un turista de Indiana, que vino a Miami para la temporada, y que perdió todo su dinero, excepto seis dólares jugando a los dados.

Al mismo tiempo, dice Herbie, el pobre tipo recibió un telegrama de su amada desde Indiana diciéndole que no quería saber más nada con él. Bien, dice Herbie, al haber perdido su dinero y su amada, el pobre tipo quedó prácticamente fuera de sus cabales, e imaginó que no le quedaba nada por hacer sino suicidarse.

De modo, dice Herbie, que Harter gastó uno de sus seis dólares en la entrada al hipódromo, pensando tirarse bajo las patas de los caballos de la primera carrera, y convertirse en mermelada. Pero llegó recién para el comienzo de la tercera carrera, dice Herbie, y vio el nombre de Never Dispair (Nunca Desesperes) y se imaginó que podría ser un presagio, de modo que compró un boleto, cuando Never Dispair ganó, el tipo se olvidó de dejar que las patas de los caballos lo convirtieran en mermelada y conti­nuó apostando, para terminar al final del día con seiscientos dólares.

Entonces, dice Herbie, el capitán Duhaine averiguó que el tipo, pensando todavía en Never Dispair, llamó a su bien amada muñeca por teléfono, y descubrió que ella lamentaba mucho haberle mandado ese telegrama, especialmente, dice Herbie, cuando supo lo de los seiscientos dólares. Y lo último que se supo sobre el asunto, es que este Har­ter está camino de su casa para casarse, de modo que Never Dispair hizo bastante bien en este débil y viejo mundo, después de todo.

Pero, dice Herbie, olvidemos todo esto, porque mañana es otro día. Mañana, dice, te contaré acer­ca de una cosa que corre en la cuarta que es dinero en el banco. De hecho, dice Herbie, si no gana, podrás no hablarme más por el resto de mi vida.

Bueno, le digo, mientras comienzo a alejarme, no estoy interesado en ninguna apuesta en estos momentos.

Ahora, dice Herbie, esperá un minuto. Hay una historia detrás.

Bueno, digo, regresando junto a él, oigamos esa historia.

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